¡Hola, mis queridos hijos!
Hoy hablaremos sobre la feminidad y en qué reside su poder.
A veces se dice que "la fuerza de una mujer reside en su debilidad", pero esto solo es parcialmente cierto.
Lo cierto es que, para lograr una armonía completa en la relación entre un hombre y una mujer, es realmente necesario combinar dos opuestos que se complementen entre sí.
La fuerza del hombre y la debilidad de la mujer representan la combinación ideal que permite la creación de una familia modelo, donde los niños se llenan desde el nacimiento de energías puramente masculinas y puramente femeninas, lo que posteriormente les ayuda a construir relaciones armoniosas con el sexo opuesto.
Pero volvamos a lo que el concepto de feminidad incluye desde el punto de vista divino.
En primer lugar, se trata de la capacidad de amar incondicionalmente tanto a uno mismo como a todos los que nos rodean.
¿Por qué es esto tan importante?
De hecho, el amor propio es el factor clave que conduce no solo al respeto a uno mismo, sino también a la autosuficiencia.
Sin esto, todo lo demás pierde su sentido, porque de lo contrario la mujer se disuelve por completo en su hombre, perdiendo su individualidad, como resultado de lo cual deja de ser interesante para él.
Además, si no se ama a sí misma, no tendrá nada que compartir con los demás, ya que eso será un sustituto del amor: cuidado, afecto, control, vivir para los intereses de su esposo e hijos.
En otras palabras, ella como persona se disolverá en los demás, lo que significa que estos otros no la tratarán con amor y respeto, percibiéndola como su "sombra", una parte integral de sus vidas.
Otro factor que determina la fuerza de la feminidad es su sabiduría e intuición naturales, es decir, la capacidad de sentir y ver lo que no está en la superficie.
Son precisamente estas capacidades inherentes a la mujer las que explican su estrecha conexión interior con su marido y sus hijos, cuando percibe desde la distancia lo que les está sucediendo: si están en peligro, en qué estado de ánimo se encuentran.
Todo esto es un eco de aquellos tiempos antiguos en los que las personas se comunicaban entre sí telepáticamente y eran capaces de ver lo que sucedía en el plano sutil.
Y esto es más típico de aquellas que han logrado preservar su feminidad, a pesar de todas las artimañas de la sociedad moderna para reducirla a la nada.
Y la tercera característica distintiva de la feminidad es el encanto natural y la sexualidad.
Estas son cualidades que no se pueden desarrollar en uno mismo mediante trucos artificiales.
O existen o no existen. No hay una tercera opción.
Y los hombres siempre reconocen sin lugar a dudas a una mujer así, aunque no sea una belleza deslumbrante.
La belleza interior no tiene precio y siempre es percibida intuitivamente por los demás.
Lo mismo se aplica a la verdadera sexualidad, que nunca es ostentosa, vulgar ni provocativa.
Proviene de la verdadera naturaleza de la mujer, y su significado sagrado y su poder residen en atraer a los mejores hombres para dar a luz hijos sanos y hermosos.
Aquí es donde terminaremos hoy.
El Padre Absoluto, que te ama inconmensurablemente, te habló.