Soy su madre, María, y vengo a hablarles sobre la unidad. Si tuviera que señalar un concepto que tendría el mayor impacto en la capacidad de la humanidad para dar el salto al siguiente nivel, sería adoptar, aceptar la idea, la realidad de la Conciencia de Unidad, que todos somos uno. Sí, así lo parece en la vida actual, pero es cierto que es el sello distintivo de prácticamente toda la historia de la humanidad, sobre todo durante los últimos dos mil años.
El sentimiento de separación es una creencia falsa, donde las personas, un grupo, sienten que son de alguna manera diferentes a otro, que están separadas. Y esto, por supuesto, da lugar a un sinfín de expresiones de negatividad. Parece que no hay consecuencias si alguien es distinto a ti, separado de ti, diferente a ti; entonces está bien albergar sentimientos negativos. Los tratas como diferentes, pero la realidad es que tal cosa no existe. No puede existir.
Superas esa sensación de separación, esa sensación de estar de alguna manera separado de todo lo que ves, [donde] todo lo que presencias fuera de ti se siente ajeno a ti, [al darte cuenta de que], en realidad, es simplemente una expresión de lo que hay dentro de ti. Está ahí porque tú lo has puesto ahí, porque has diseñado tu vida para que te brinde esa experiencia de lo que sea que veas ahí.
Así pues, el sistema tridimensional está diseñado para hacerte creer que estás separado de todo, del TODO, y, de hecho, ese es el objetivo principal de las experiencias en este plano físico: que de alguna manera estás separado de tu Fuente. Como ya hemos dicho, esto es imposible. No existe tal cosa como estar separado de la Fuente.
Todo lo que presencias, todo lo que ves, todo lo que puedes tocar y sentir se manifestó a través de la misma energía que te originó. Tú y eso son la misma energía, la misma expresión de la creación divina. Quizás hayas elegido lo que quieres experimentar, pero es todo lo mismo, lo mismo que tú. Tú y eso son de la misma sustancia; por lo tanto, como dijimos la última vez, estás conectado a eso.
Eres igual a eso, gracias a la humildad que reside en tu interior; es decir, no eres mejor que nadie, pero tampoco eres inferior a nadie ni a nada. Dado que fuiste creado a partir de ese mismo poder, el poder universal que da origen a toda expresión física, llevas dentro de ti, en todo momento, el poder del universo entero.
Así, a través de ti mismo, de tus propias creencias y de ese sentido de humildad, encuentras la expresión de la Conciencia de Unidad. Llegas a comprender que eres igual a todos los demás; por lo tanto, cualquier conflicto que tengas con otro es simplemente una expresión de un conflicto interno.
Restablece el equilibrio, el equilibrio contigo mismo y, a través de tu humildad ante el Todo, a través de esa Conciencia de Unidad, todos esos conflictos comienzan a disolverse. De hecho, desaparecen, pues, en última instancia, no tiene sentido luchar contra uno mismo. No hay ganador ni perdedor. Es simplemente una experiencia que eliges vivir.
Y en cuanto decidas: “Ya he terminado con eso; he tenido la experiencia que vine a tener”, y empieces a darte cuenta de que “soy igual que todo lo que veo”, e integres plenamente esa Conciencia de Unidad dentro de tu propio sistema de creencias, entonces el mundo cambiará.
De nuevo, de todas las Llaves al Cielo, la Conciencia de Unidad es la que, quizás, propiciará los mayores avances para la sociedad tal como la experimentan en este momento. Esto no significa que sea la única, pero sí es una de las más necesarias en estos tiempos.
Así que, mientras transcurre tu día a día y presencias algo que parece ajeno a ti, vuelve a comprender la Conciencia de Unidad, que forma parte de ti, que tú la has puesto ahí. Si no te gusta lo que ves, decide cambiarlo, con la plena certeza de que el poder del Todo te respalda, con esa intención, y el mundo cambiará de maneras milagrosas.
Esperamos con gran ilusión el cambio, la transición, que todos ustedes están experimentando en este sentido. Es maravilloso presenciarlo desde nuestra perspectiva. De hecho, se está desarrollando con paciencia, amor y, en definitiva, con alegría.
Así que los dejo con esa reflexión. Que les vaya bien y que comprendan que somos uno.
Hasta luego.
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