LA QUIETUD.
Queridos hermanos y hermanas:
Una de las principales ideas erróneas de la humanidad es que el desarrollo se produce a través de la acción constante. Muchos valoran un día en función de lo que se logra, pero las transformaciones más significativas ocurren durante la quietud total.
Imaginen un bosque después de la lluvia. Aunque todo parece tranquilo, las raíces absorben agua, las semillas germinan y la vida se reorganiza. Mucho sucede, y sin embargo, permanece invisible.
Ahora piensen en su cuerpo y cómo funciona de la misma manera.
Cuando se permiten descansar, su sistema nervioso pasa del estado de supervivencia al de restauración. La respiración se profundiza, los músculos se relajan, las hormonas se equilibran, el sistema inmunológico se fortalece y las células comienzan a repararse. La sanación es una de las formas más antiguas de inteligencia del cuerpo y ocurre en un ambiente de paz.
Además de todo esto, tu cerebro se mueve lenta y suavemente hacia estados de ondas cerebrales más coherentes y pausados que promueven la creatividad, la intuición, el equilibrio emocional, la memoria y la regeneración. Imagina una bola de nieve. Al agitarla, el agua se enturbia. En el instante en que se detiene, todo se aclara.
Por eso, algunas de tus mejores ideas surgen durante un paseo tranquilo por la naturaleza, mientras te das un baño (o una ducha) o cuando contemplas un cielo tranquilo o nublado. La quietud proporciona el espacio donde la inteligencia superior puede manifestarse.
El universo fluye con este ritmo. Dentro del ciclo de la naturaleza, cada latido y cada respiración tiene un momento de descanso. La naturaleza conoce el papel de la restauración en la creación.
Te invitamos a disfrutar de los momentos en que sientes la necesidad de simplemente existir.
Aunque pueda parecer inactividad, tu cuerpo se está curando, tu mente se está estructurando, tu energía es coherente y tu alma se está preparando para la próxima y hermosa manifestación de ti mismo.
La creación es, a veces, el hermoso resultado de la inactividad.
La quietud es un recipiente vacío, un espacio sagrado para que fluyan nuevas ideas.
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