Es uno de los rituales de programación más antiguos y efectivos del sistema para sellar la pertenencia del espíritu humano a la red de control desde el inicio de su vida.
A nivel energético, el bautismo implanta un sello vibratorio.
Funciona como un código de acceso: te conecta al
egregor de la religión, a un servidor astral que extrae tu energía durante toda la vida.
Ese sello afecta tus decisiones, tu sentido de culpa, tus ideas de bien y mal.
Crees que actúas libremente, pero llevas una programación que opera en segundo plano como un virus espiritual.
Incluso el símbolo del agua, que en su origen era un elemento de conexión con la vida y el flujo divino, fue invertido.
En lugar de liberarte, el ritual te ata.
Cada gota en tu frente no limpia: marca, registra y archiva tu alma en el sistema.
Y cuando mueres, ese mismo contrato se activa para redirigir tu conciencia al ciclo de reencarnación controlada, en lugar de permitirte trascender.
El bautismo es, en esencia, el primer candado del cautiverio espiritual humano.
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