La consciencia es la esencia de la creación. Antes de que las estrellas brillaran, antes de que se formaran los mundos, antes de que entraras en este cuerpo y aceptaras el nombre temporal que ahora llevas, existía el Espíritu: una consciencia infinita y viviente, que soñaba la creación y la transformaba en forma.
Imagina la consciencia como un vasto océano cósmico sin principio ni fin.
Cada alma es como una ola que surge en ese océano.
Durante la encarnación, la ola parece estar separada. Desarrolla una forma, una dirección, una historia, una personalidad y un destino propios. Dice: «Yo soy este cuerpo. Yo soy esta historia. Yo soy esta identidad».
Sin embargo, la ola nunca ha estado separada del océano.
Su esencia es el océano mismo.
La iluminación es el momento en que la ola recuerda lo que realmente es.
La ilusión de la separación comienza a disolverse, y la consciencia se reconoce a sí misma dentro de la forma.
Te das cuenta de que bajo la personalidad temporal existe algo eterno, intocable e inconmensurable.
Este recuerdo transforma tu manera de transitar por la vida. Ya no necesitas forzar cada puerta ni controlar cada detalle del camino.
Empiezas a entregarte a la inteligencia que fluye por el universo mismo. Como una embarcación que se adentra en una corriente celestial, aprendes a moverte con lo Divino en lugar de en su contra.
Aquí es donde la sincronicidad se convierte en un lenguaje.
-Ciertas personas aparecen en el momento preciso.
-Señales que se repiten te acompañan.
-Oportunidades que surgen inesperadamente.
-El conocimiento interior se hace más fuerte.
-Lo que antes parecía coincidencia comienza a revelar una coreografía invisible. Síguela.
Tu propósito no es algo que la mente deba crear. Ya existe en la corriente más profunda de tu ser. Cuanto más te entregas, escuchas y confías, más naturalmente te encaminas hacia su realización.
Eres la ola que se experimenta a sí misma como conciencia individual, pero también eres el océano ilimitado que se extiende bajo ella.
Recuerda el océano. Alinea tu mente con las corrientes cósmicas. La corriente siempre ha sabido cómo regresar a sí misma. Y permite que el Espíritu te guíe hacia la vida que tu alma vino a encarnar.
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