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jueves, 1 de enero de 2026

MANIFESTACIÓN DE LA CONCIENCIA CRÍSTICA


Amados hijos, que las bendiciones del amor traigan paz a sus cuerpos, mentes y corazones.


La conciencia Crística se está estableciendo definitivamente en vuestro planeta durante este período en el que la vida os ofrece otra oportunidad de renacer.


Nunca antes el Poder-Amor-Sabiduría del Padre, manifestado en el Hijo ungido, estuvo al alcance de toda la humanidad como hoy.


La humanidad está lista para renacer en este tiempo en que la presencia de vuestro amado Maestro Jesús, el Cristo, reavive vuestras memorias, ayudándoos a despertar el recuerdo del ser de luz que sois.


Hoy los Hijos de la Tierra reclaman la comprensión de su origen divino, hoy reconocen que son ilimitados, hoy aceptan la posibilidad del rejuvenecimiento y la inmortalidad, hoy saben que la enfermedad y la muerte no son más que un reflejo del pensamiento limitado y de la negatividad que dio origen al inmenso abismo que separó a los humanos del Padre.


Hoy, la humanidad está recuperando la conciencia de que es tiempo de tomar decisiones conscientes, decisiones que se originan en sus corazones, donde sus almas vibran para manifestar la conciencia Crística.


El tiempo de los límites, del dolor, del sufrimiento, de las guerras, de la indiferencia y de la separación comienza a disolverse a través de la poderosa presencia de Aquel que, en esta Navidad, renueva en ti la claridad del origen divino que te permite recuperar la verdad, la justicia, la comprensión, la paz y el amor incondicional.


La victoria toca a todas tus puertas, trayendo la consigna de esta nueva era: paz y amor incondicional.


EL CAMINO HACIA LA MAESTRÍA DIVINA


Todo se reduce al amor.

Al anclar el amor incondicional dentro de vosotros, reequilibraréis vuestros sentimientos para que, a partir de ahora, podáis elegir conscientemente.


El Paraíso en la Tierra es posible para todos ustedes, amados.

Camina con pasos firmes para implantarlo en tu planeta, partiendo del espacio sagrado que es tu hogar.


Anclad la luz de Cristo en vuestros hogares, reconociendo en vuestra familia terrena a la Sagrada Familia que, aún hoy, sirve de columna para toda la humanidad.


Procurad comprender la eficacia de la fe alimentada por el Maestro, entendiendo que la fe del Maestro es fe en lo Divino que existe dentro de todos vosotros; es la fuerza impulsora que os ayuda a eliminar todos los obstáculos, superar todos los límites y conquistar todos los desafíos.


Recuerda las muchas perlas de sabiduría que Él te impartió con el único propósito de ayudarte a abrir el camino y reclamar la luz del Padre dentro de ti.


Recuperemos el lenguaje del amor que Él compartió con todos, a través de Su mirada poderosa y dulce, una mirada que tocaba a todos, una mirada que tenía el poder de curar cualquier enfermedad, cualquier dolor.


Reconoce la pureza del Maestro, una pureza cultivada a través de pensamientos y actitudes amorosas que sólo generaron bienestar, comprensión y alegría.


Abrí los ojos para reconocer tu poder y, a través de las lecciones legadas por el Maestro, manifestar ese poder en tu realidad.


Éste es el camino a seguir, el camino que exige fe, que exige acción, que exige disciplina, que exige amor; el camino que os lleva a la maestría divina, el camino que os permite completar otra etapa de vuestra evolución.


Amados, que estos días sean días de reflexión, días de profunda introspección, días en que cada uno de ustedes pueda reconocer que es luz en un cuerpo físico, para devolver al mundo del caos la frecuencia del amor incondicional.


Amados, me despido de vosotros ahora, colmándoos de mis bendiciones y envolviéndoos en mi manto de protección, porque yo soy María, vuestra Madre.

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