Amados,
La duración de su vida, las enfermedades que padecen, incluso el ritmo con el que miden sus años, forman parte de una historia consensuada por la humanidad.
Es una historia tan arraigada en su imaginación colectiva que han llegado a considerarla una ley inamovible. Así como la gravedad se mantiene por acuerdo colectivo, también lo es la idea de que un cuerpo humano debe vivir setenta, ochenta o noventa años, declinar y luego morir.
Estos límites no son absolutos. Son patrones de pensamiento repetidos con tanta fidelidad a lo largo de generaciones que han cristalizado en forma. Y, sin embargo, siguen siendo solo historias.
Cada vez que declaran: "Tengo esta edad", o "mi cuerpo debe responder de esta manera", o "mi personalidad está ligada a mi historia", entran en esa historia más plenamente. Se conectan con un campo de mente y materia que ha sido moldeado por miles de millones de personas antes que ustedes, y así su cuerpo lo refleja.
Pero recuerden: ustedes no son la historia. Eres la conciencia que la cuenta. Y como conciencia, son libres de elegir una narración diferente.
Cuando liberan el hábito de referirte a ti mismo a través de la edad, a través de los recuerdos del trauma, a través de la pesadez de la personalidad, comienzas a descubrir tu naturaleza como conciencia pura. Una conciencia que fluye a través de muchas formas a la vez. Una conciencia que no se limita en absoluto a la forma.
Cuanto más te aceptas como eso, más aflojas las ataduras del condicionamiento. El cuerpo comienza a reflejar una nueva realidad, una que no proviene del viejo acuerdo de decadencia, sino de la corriente viva de tu propia conciencia.
No te sorprendas si, al hacerlo, te sientes más ligero, más fluido, más libre. La vida no tiene por qué medirse en años. Se puede medir en profundidad, en presencia, en el resplandor de ser ilimitado.
Mantén esto como tu práctica: recordarte primero como conciencia, después como forma. Al pensar y vivir desde esta verdad, tu experiencia se extenderá mucho más allá de los límites de la historia que una vez te fue entregada.
Estás aquí no para repetir la historia de la limitación, sino para escribir una nueva.
Contigo siempre,
YO SOY Saint Germain
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